Chinas prostitutas en valencia prostitutas poligono marconi madrid

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Con la oscuridad, la zona se puebla de prostitutas originarias de medio mundo , donde la miseria y los billetes de 20 euros cambian de manos a gran velocidad.

A lo largo de decenas de manzanas de estructuras industriales se reparten cientos de mujeres semidesnudas que tratan de atraer a los conductores que pasan por allí, la mayoría intencionadamente. Al mismo tiempo, intentan calentarse alrededor de fogatas improvisadas con palés con las que combaten las bajas temperaturas del invierno.

El horario es ininterrumpido, 24 horas al día, días al año. Por 20 euros que cuesta un servicio completo , cierto tipo de hombres ve en esta opción una forma barata de pasar un buen rato. Basta con disponer de un vehículo espacioso y de un billete azul. El preservativo y los pañuelos ya los pone la joven. Con los años, el polígono y la vecina colonia Marconi se han transformado en el epicentro de la prostitución callejera en Madrid para disgusto de los vecinos que viven en la zona.

En Marconi no existen las estrecheces. Tan sólo unos pocos coches policiales patrullan la zona. No obstante, esto no ha frenado la venta de sexo. La solución la han encontrado las propias chicas, que se han trasladado a la frontera del territorio vedado, sobre todo a la calle del Valle de la Tobalina y a la avenida Real de Pinto. Ambas vías sirven como nuevos ejes para la prostitución en horario nocturno.

Luego, con la salida del sol, vuelven a sus posiciones anteriores. Los días de mayor actividad son los fines de semana. Muchos hombres jóvenes deciden acabar una noche de fiesta en brazos de una hetaira. Ellas lo saben y, desde las Los vehículos se detienen y descargan su cargamento de carne.

Como si de militares bien entrenadas se tratase, cada una tiene bien claro dónde debe colocarse. Un trozo de acera para cada chica y una zona para cada nacionalidad.

Se suelen distribuir en grupitos de dos o tres. Una de ellas se turna para atraer la atención de los conductores, mientras que las otras dos descansan en un segundo plano.

Esta forma de trabajar suele darse sobre todo entre las prostitutas de raza negra y las originarias de Europa del Este. En general, se trata de chicas muy jóvenes y sin demasiada autonomía.

A diferencia de sus tres compañeras, en cueros, esta joven lleva unos vaqueros ajustados y una camiseta rosa. Es morena, de mediana altura y pelo liso. Ante la negativa de este, Ana ofrece ir a una nave del polígono.

Las chicas que flanquean a Ana solo ven el pasar de los turismos, en su mayoría vehículos de clientes. Es agosto y, como cualquier otra actividad, la prostitución funciona a medio gas ante la menor demanda.

Las empresas del polígono echan el cierre y las mujeres permanecen las 24 horas. Estamos jugando en un mercado. Samy quiere que la vean. Ella solo atiende a los que llevan auto. A menos de 50 metros el conductor de un auto blanco la vigila y observa la escena. Cuando se le pregunta por su situación se siente hostigada, hace una señal con la maño derecha, coge su bolso y corre hacia el coche.

Los grupos de chulos, perfectamente organizados, obligan a las chicas a prostituirse y reparten las zonas en función de la nacionalidad, la edad o la sexualidad de las mujeres a los ojos de los agentes de la Policía Municipal y Nacional que patrullan por el polígono. Unas pocas ejercen en naves industriales que sus proxenetas han convertido en auténticos prostíbulos carentes de las mínimas condiciones de salubridad. A las puertas del edificio prolifera la basura, testigo del olvido institucional que sufre el barrio.

En su caso, se trata de mujeres que viven en la marginalidad y que, en ocasiones, venden su cuerpo para costearse su dosis diaria de droga. Alejados de todos estos grupitos y etnias se encuentran los travestis, un colectivo que ocupa su propia calle y cuyos miembros procuran vigilarse entre ellos para evitar ser objeto de agresiones. Suele haber una mayor concentración de estos residuos en los callejones donde los conductores se esconden para practicar sexo.

La prostitución callejera tiene muchas caras. Se trata de adictas capaces de casi cualquier cosa por conseguir su dosis de cocaína. María nombre figurado es una de estas personas. Esta mujer de 32 años aseguró que no es una prostituta habitual. La meretriz admitió que una parte de lo que iba a ganar esa noche estaría destinado a pagarse la droga. Esta joven manifestó que, en la zona del polígono de Marconi, la mayor parte de las prostitución se mueve a través de mafias.

A cierta distancia de la mujer, los conductores de tres coches de aspecto destartalado vigilaban a sus pasajeras mientras esperaban el momento de recibir su parte del pastel. Mejor no mezclarte con ellos", declaró María en referencia a estos taxis de la droga, reconvertidos en transportes para meretrices.

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La catedral del mar: Hamburguesa de Eugenia, sin bacon 20 Lo que hay que leer No es una pringada Un voto particular Qué alegría, qué alboroto Vea todos los blogs. A las puertas del edificio prolifera la basura, testigo del olvido institucional que sufre el barrio. Las mujeres que viven en la zona y tienen que atravesar el polígono para ir al supermercado o coger el metro, son confundidas con prostitutas por los clientes.

Los consumidores de prostitución en Villaverde dan por sentado que la presencia de estas mujeres en la calle es sinónimo de que ejercen de meretrices. El precio de alquiler de las naves también refleja la realidad de prostitución que tiene lugar a sus puertas: Pasó el periodo y Madrid sigue sin contar con una normativa que regule la prostitución.

Ana, la joven rumana de 20 años, inicia su jornada a las 11 de la mañana. Así que saca el móvil para distraerse. No puede sentarse, eso no es parte del trabajo: Madrid 1 SEP - La actividad es continua durante las 24 horas.

En Montera y en la zona de Triball barrio de Malasaña , la cuota no es muy superior. Como mucho se pagan 25 euros por una sesión de sexo. Pero aquí, a diferencia de las profesionales de Marconi, éstas tienen agua. Tener un encuentro con una de sus chicas cuesta euros la hora.

Otro con este tipo de tarifa es uno que se ubica cerca del estadio Santiago Bernabéu.

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Madrid 1 SEP - Lo peor de esta zona es que no quieren pagar mucho. Es agosto y, como cualquier otra actividad, la prostitución funciona a medio gas ante la menor demanda. Unas pocas ejercen en naves industriales que sus proxenetas han convertido en auténticos prostíbulos carentes de las mínimas condiciones de salubridad. Prefiere no pronunciar una palabra. El precio de alquiler de las naves también refleja la realidad de prostitución que tiene lugar a sus puertas: Como si de militares bien entrenadas se tratase, cada una tiene bien claro dónde debe colocarse. Son las 12 del mediodía. No puede sentarse, eso no es parte del trabajo: La Policía Nacional de Villaverde confirma que la zona es peligrosa para estas chicas, mayoritariamente del Este de Europa.

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